Trump practica la incoherencia y la falta de humanidad y llama a eso política exterior Por: Nicholas Kristof

Erin Schaff/The New York Times

Tan solo hace cinco años, un presidente estadounidense que enfrentaba una crisis en la frontera de Siria actuó con decisión y honorabilidad.

En 2014, Barack Obama respondió con ataques aéreos y una operación de rescate cuando el Estado Islámico inició un genocidio que consistió en masacrar a los hombres y someter a la esclavitud sexual a las mujeres y las niñas de la minoría religiosa yazidí. La medida de Obama y la intervención heroica de los combatientes kurdos salvaron decenas de miles de vidas yazidíes.

“Pese a que Estados Unidos nunca ha podido corregir todos los males, sí ha hecho que el mundo sea un lugar más próspero y seguro”, declaró Obama en ese momento. “Además, nuestro liderazgo es necesario para garantizar la seguridad y la prosperidad globales de las que dependerán nuestros hijos y nuestros nietos”.

Contrastemos la decisión de Obama, que colaboró exitosamente con aliados para evitar un genocidio, con la traición de este mes del presidente Donald Trump a esos mismos socios kurdos, la cual derivó en una victoria para la organización del Estado Islámico, Turquía, Siria, Irán y, desde luego, Rusia, ya que, al parecer, casi todo lo que hace Trump termina beneficiando a Moscú.

“¿Quién puede confiar en el Estados Unidos de Trump?”, pregunta la revista The Economist en su más reciente portada. El senador republicano de Utah Mitt Romney añadió: “Lo que les hemos hecho a los kurdos quedará registrado como una mancha de sangre en los anales de la historia estadounidense”.

Trump se justificó diciendo que los kurdos “no eran ningunos angelitos” y comparó el combate en Siria que él desató —el cual dejó cientos de personas muertas y 300.000 desplazadas— con un par de niños dándose puñetazos en un terreno baldío. Su propio enviado especial, Brett McGurk, respondió en Twitter: “Es una declaración ofensiva e ignorante”.

Dado el heroísmo de los kurdos para frenar el genocidio contra los yazidíes en 2014, es brutalmente irónico que ahora la traición de Trump haya puesto en riesgo a los kurdos de ser víctimas de crímenes de guerra y limpieza étnica por parte de los turcos. Unos sicarios respaldados por Turquía sacaron de su auto a la política kurda Hevrin Khalaf jalándola del cabello, luego la golpearon, le fracturaron las piernas, los huesos del rostro y el cráneo, y finalmente la asesinaron de un tiro. Cuando un amigo llamó a su teléfono más tarde, contestó un hombre que dijo: “Ustedes, los kurdos, son unos traidores”, de acuerdo con Amnistía Internacional, la cual también afirmó que las fuerzas militares turcas y una coalición de grupos armados sirios respaldados por Turquía han cometido crímenes de guerra.

También existen informes de que las fuerzas respaldadas por Turquía han utilizado fósforo blanco o napalm en contra de la población civil, y que eso sucedió luego del supuesto cese al fuego que el vicepresidente Mike Pence dijo haber negociado con Turquía. Da náuseas escuchar la afirmación de Trump de que este desastre representa “un gran día para la civilización” y que “se salvarán millones de vidas”.

Horrorizado, un exfuncionario de Naciones Unidas me envió un correo electrónico en el que comparó esta maniobra con el Pacto de Múnich de 1938 y la declaración de que significaba “paz para nuestro tiempo”. Añadió que ni siquiera Neville Chamberlain aceptó jamás ayudar a sacar a los checos de los Sudetes.

Trump ha insistido en su deseo de regresar a los soldados estadounidenses al país, y ese es un anhelo muy razonable si se realiza de manera prudente. Pero mientras Trump abandonaba a los kurdos y desencadenaba este desastre, en realidad seguía aumentando la cantidad de soldados estadounidenses en Medio Oriente, puesto que envió unos 3000 soldados adicionales a Arabia Saudita.

Así que estamos mandando más soldados a Arabia Saudita para ayudar a una dictadura misógina que asesinó a un periodista de un diario estadounidense al mismo tiempo que traicionamos a los kurdos, que han estado intentando construir un enclave democrático donde se empodere a las mujeres; estamos enviando soldados a Arabia Saudita para confrontar a Irán al mismo tiempo que le prestamos ayuda a Irán en Siria.

Aquí es donde convergen la falta de humanidad y la incoherencia.

“La política exterior es por lo que se me recordará”, le presumió Trump a mi colega David E. Sanger en 2017. Bueno… sí.

Al no prepararse para una llamada telefónica con el dirigente turco y luego dejarse manipular, Trump tiró por la borda años de trabajo en Medio Oriente. Pero también está socavando todo el orden internacional de 75 años de posguerra basado en la credibilidad y los valores de Estados Unidos. Todos sabían que este país no siempre estaba a la altura de su discurso, pero también que sus ideales y compromisos tenían algún valor. Hasta ahora.

Comencé esta columna con una nota de elogio a Obama por combatir el genocidio de los yazidíes y salvar muchas vidas. También es cierto que Siria fue el mayor fracaso de Obama en política exterior, y en varias ocasiones critiqué su pasividad mientras seguían perdiendo la vida cientos de miles de personas.

Sin embargo, Obama por lo menos siempre estuvo analizando los problemas a fondo y luchando, buscando la opinión de expertos y tratando de tomar decisiones muy pensadas con base en toda la información disponible. Aunque cuestioné su criterio en Siria, jamás dudé de su seriedad, compasión e integridad.

Por el contrario, Trump es inmaduro, irresponsable e indiferente. Lo que ha hecho en Siria no es política exterior: es vandalismo.

 c.2019 The New York Times Company

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