En Brasil, la deforestación de la Amazonía ha aumentado drásticamente bajo el gobierno de Bolsonaro

Victor Moriyama/The New York Times

Por Ernesto Londoño y Letícia Casado

RÍO DE JANEIRO — La selva amazónica en Brasil perdió un área de casi doce veces el tamaño de la ciudad de Nueva York desde agosto de 2018 hasta julio de este año, de acuerdo con datos del gobierno publicados el lunes 18 de noviembre, los cuales muestran que la deforestación en el bioma ha aumentado de manera importante desde la elección del presidente Jair Bolsonaro.

Los 9762 kilómetros cuadrados de cubierta forestal perdida durante el periodo representan un aumento del 30 por ciento respecto del año pasado y la pérdida neta más alta desde 2008.

Las nuevas cifras de deforestación, emitidas por el Instituto Nacional para la Investigaciones Espaciales de Brasil, proporcionan la prueba más evidente a la fecha de que la deforestación en la Amazonía ha estado constantemente en aumento bajo el mandato de Bolsonaro.

Bolsonaro, quien desde hace mucho ha argumentado que las políticas de conservación obstaculizan el desarrollo económico, se ha mostrado desdeñoso de las medidas medioambientales que redujeron el índice de deforestación de la Amazonía entre 2004 y 2012. Su gobierno ha debilitado la aplicación de leyes medioambientales recortando el financiamiento y el personal en agencias gubernamentales clave, y ha reducido las iniciativas para combatir la tala, la minería y la ganadería ilegales.

Los activistas medioambientales dijeron que el anuncio del lunes, aunque no era inesperado, resultaba muy preocupante para la Amazonía, la selva tropical más grande del mundo.

“Esta cifra es el resultado directo de la estrategia implementada por Bolsonaro para desmantelar el ministerio del medio ambiente, evitar la aplicación de leyes, detener los planes de los gobiernos anteriores para frenar la deforestación y empoderar, a través de la retórica, a quienes cometen delitos medioambientales”, dijo mediante un comunicado el Observatorio Climático, un grupo brasileño de defensa del medioambiente.

“A diferencia de lo que ocurrió en años previos, durante los cuales aumentó el índice de deforestación, esta vez el gobierno no anunció ninguna medida creíble para revertir la tendencia”, señaló.

El enfoque de Bolsonaro respecto al medioambiente —y la Amazonía en particular— fue objeto de un gran escrutinio en agosto conforme una serie de incendios forestales, la mayoría atribuidos a humanos que despejan terrenos, consumió grandes tramos del bioma. Ante la indignación de los líderes europeos y amenazas de un boicot internacional de las exportaciones brasileñas, el gobierno desplegó las fuerzas militares para ayudar a contener los incendios.

Sin embargo, el gobierno de Bolsonaro ha seguido debilitando las agencias encargadas de aplicar las leyes y normas medioambientales. Además, sigue afirmando que industrias como la minería y la agricultura deberían tener más acceso a tierras protegidas, incluyendo reservas indígenas.

El ministro del medioambiente, Ricardo Salles, dijo el lunes que el aumento de la deforestación había comenzado mucho antes de que el gobierno de Bolsonaro llegara al poder en enero.

Agregó que la “economía ilegal” en la Amazonía, donde la tala y la minería ilegales son endémicas, en gran medida habían causado la situación. “Necesitamos estrategias para contener el problema”, dijo Salles durante una presentación con periodistas. No señaló un plan detallado para combatir la tendencia.

Los expertos dicen que el daño experimentado por varios estados brasileños está causando un deterioro irreparable en la Amazonía. La selva a menudo es considerada como los “pulmones” de la Tierra debido a su gran capacidad de emitir oxígeno y acumular dióxido de carbono, una gran causa del calentamiento global. Algunos expertos temen que se pierda tanta selva que la zona se transforme en sabana, un bioma que no puede acumular tanto carbono.

“Debemos recordar que la Amazonía ha estado sufriendo deforestación durante décadas”, dijo mediante un comunicado Oyvind Eggen, secretario-general de Rainforest Foundation Norway. “Nos estamos acercando a un posible punto de quiebre, en el que grandes tramos de la selva estarán tan dañados que colapsará”.

Gilberto Câmara, director de la secretaría del Grupo de Observaciones de la Tierra, una coalición de gobiernos e investigadores que comparten y analizan datos para darles forma a las políticas públicas, dijo que la destrucción creciente de la Amazonía está causando un daño tremendo a la imagen de Brasil y sus posibilidades económicas.

“La decisión de los inversionistas extranjeros de llevar recursos a Brasil cada vez depende más del cumplimiento de las leyes y de las normas relacionadas con la sustentabilidad”, dijo Câmara, exdirector del Instituto Nacional para Investigaciones Espaciales, la agencia brasileña que da seguimiento a la deforestación mediante imágenes satelitales.

“Desde el punto de vista de generaciones futuras, la pérdida de biodiversidad y el aumento de las emisiones son grandes retrocesos que tendrán grandes consecuencias a lo largo de los siguientes 10, 15 años y más”.

Bolsonaro y varios altos funcionarios de gobierno se han mostrado despectivos ante las críticas internacionales por la deforestación, y argumentan que Brasil ha hecho más que muchos otros países para conservar sus bosques.

Este año, poco antes de que los incendios en la Amazonía llegaran a los encabezados internacionales, Bolsonaro dijo que proteger el medioambiente les importaba solo a los veganos. En agosto, cuando Alemania señaló que destinaría fondos a las iniciativas de conservación en Brasil, sugirió que sería mejor que la canciller Angela Merkel “tomara ese dinero y mejor lo usara para reforestar Alemania”.

c.2019 The New York Times Company

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