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Los beneficios de hablar con extraños

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Toda mi vida he sido una extrovertida que establece y disfruta fácilmente vínculos casuales con personas que conozco en la vida cotidiana: cuando paseo a mi perro, compro víveres, me ejercito en la YMCA, incluso cuando barro mi acera. Estas conexiones efímeras agregan variedad a mi vida, son una fuente de información útil y a menudo brindan el apoyo emocional y físico que necesito. Igual de importante es que casi siempre me dejan con una sonrisa en el rostro (¡aunque ahora esté oculta bajo un cubrebocas!).

En los últimos meses, debido a las órdenes de quedarse en casa por la pandemia del coronavirus, muchas personas se quedaron sin esos encuentros diarios. Yo, por otro lado, he hecho mi mejor esfuerzo para mantener tantos de esos contactos como sea posible mientras me esfuerzo por estar a salvo. Ya que las interacciones en persona con familiares y amistades cercanas ahora están limitadas por un deseo mutuo de evitar exponernos a la COVID-19, los contactos breves y con distanciamiento social con personas de mi vecindario, tanto los que he conocido de manera casual durante años como otros que acabo de conocer, han sido cruciales para mi bienestar emocional y práctico, y quizás incluso para mi salud.

Los beneficios que asocio con mis conexiones casuales fueron reforzados recientemente por un hallazgo fortuito. Durante una limpieza inspirada por la COVID-19, encontré un libro en mi biblioteca titulado “Consequential Strangers: The Power of People Who Don’t Seem to Matter … but Really Do”. Este enriquecedor volumen fue publicado hace once años y fue escrito por Melinda Blau, una escritora de ciencias, y Karen L. Fingerman, actualmente profesora de Psicología en la Universidad de Texas, campus Austin, que estudia la naturaleza y los efectos de los llamados lazos débiles que las personas tienen con otros en sus vidas: el barista que les sirve el café, la persona que les corta el cabello, el propietario del mercado local, las personas que ven a menudo en el gimnasio o la estación de trenes.

En una entrevista, Fingerman señaló que las conexiones casuales que encontramos con la gente en el transcurso de la vida cotidiana pueden generar una sensación de pertenencia a una comunidad, lo que ella describió como “una necesidad humana básica”.

Como ella y Blau escribieron en su libro, los extraños consecuentes “son tan vitales para nuestro bienestar, crecimiento y existencia en el día a día como los familiares y los amigos cercanos. Los extraños consecuentes nos anclan al mundo y nos dan una sensación de estar conectados a algo más grande. También mejoran y enriquecen nuestras vidas y nos brindan oportunidades para nuevas experiencias e información que está más allá del alcance de nuestros círculos íntimos. Son conexiones sociales vitales, personas que te ayudan a hacer más ligero el día y hacen tu vida más interesante”.

Mi tendencia a “conversar” con completos desconocidos que me encuentro en el transcurso de mi vida ha derivado en un montón de conocidos que han llenado mis días de ocurrencias, consejos, información, ayuda necesaria y, lo más importante de todo durante esta época de semiaislamiento impuesto, una sensación valiosa de conexión con las personas que comparten mi entorno.

Los confinamientos debido a la COVID-19 nos han recordado a muchos de nosotros cuán importantes son nuestras relaciones para nuestra calidad de vida, no solo relaciones con amigos y familiares que amamos y conocemos y nos conocen bien, sino también con personas más casuales que nos ayudan a mantener una perspectiva positiva en momentos oscuros y estresantes.

La investigación de Fingerman también ha demostrado que las personas que están más integradas socialmente también son más activas físicamente. “Ser sedentario te mata”, dijo. “Tienes que levantarte y moverte para estar con las personas con las que te encuentras cuando te ejercitas”. Los extraños consecuentes también ayudan a tu cerebro, dijo ella, porque “las conversaciones son más estimulantes que con personas que conoces bien”.

Una investigadora en el campo, Katherine L. Fiori, presidenta de la carrera de Psicología en la Universidad Adelphi, que estudia las redes sociales de los adultos mayores, ha descubierto que las actividades que fomentan los “lazos más débiles” de los que son formados con familiares y amigos cercanos promueven una mayor satisfacción en la vida, así como una mejor salud emocional y física.

“Cuantos más lazos débiles tengas en tu vida, mayor será la asociación con sentimientos positivos y habrá menos sentimientos depresivos”, dijo Fiori en una entrevista. “Evidentemente no es cierto que los lazos estrechos son los únicos que necesitan los adultos mayores”.

Y no solo los adultos mayores, todos los adultos. Fingerman dijo que investigaciones han demostrado que, en general, “las personas están mejor cuando tienen un grupo más diverso de personas en sus vidas”. Sin embargo, como Fiori observó, “desafortunadamente, la COVID-19 ha restringido nuestra habilidad de mantener lazos débiles. Puede requerir mucho más esfuerzo hacer esto en línea”.

Para contrarrestar la soledad y mantener activas sus muchas conexiones casuales, una amiga de la YMCA creó una serie de correos electrónicos grupales que no solo le sirvió de sustituto para las conversaciones diarias que ella extrañaba, sino que también le dio un sistema de apoyo continuo cuando enfrentaba una lesión y batallaba con el aislamiento que parecía cada vez más sombrío.

En su libro, Blau y Fingerman enfatizan la importancia de crear y estar en ambientes que fomenten relaciones con extraños consecuentes. Hace décadas, cuando The New York Times colocó cubículos para sus redactores y editores, destruyó un ambiente propicio para compartir información y fomentar la camaradería, lo que me motivó a trabajar desde casa la mayoría de los días y ahorrarme el tiempo y el esfuerzo necesarios para vestirme y trasladarme a la oficina. Sospecho que cuando las restricciones por la COVID-19 finalmente se suspendan, muchos más oficinistas harán lo mismo y sacrificarán las relaciones casuales basadas en el trabajo.

Como las autoras escribieron, “donde vivimos, trabajamos, compramos y nos relacionamos tiene todo que ver con los lazos débiles que cultivamos y, por lo tanto, con nuestra calidad de vida”. Como ellas describieron un tema central de su libro, “los conocidos casuales nos inspiran a aventurarnos más allá de nuestras zonas de confort”. Y hasta que lo hagamos, nunca sabremos qué podríamos ganar de relaciones con “personas que no parecen importar”.

Las conexiones casuales que encontramos con la gente en el transcurso de la vida cotidiana pueden generar una sensación de pertenencia a una comunidad. (Gracia Lam/The New York Times)

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