
Por Raúl Germán Bautista.- El presidente Luis Abinader dijo este jueves que la historia de la República Dominicana ha estado marcada por constantes reformas constitucionales, motivadas en muchos casos, únicamente por ambiciones personales, que han amenazado la paz y la estabilidad política de la nación.
“El mandato que nos otorgó el pueblo dominicano en las pasadas elecciones fue contundente, dándonos una mayoría que, de haber querido, nos habría permitido cualquier modificación constitucional a nuestro favor”, argumentó.
“Pero hicimos todo lo contrario: defendimos la democracia. En lugar de aprovechar esa mayoría para beneficio personal, impulsamos una reforma que blinda nuestra Constitución, asegurando que ni yo ni nadie en el futuro pueda manipularla a su conveniencia para perpetuarse en el poder. Porque el respeto a las instituciones y a la voluntad del pueblo está siempre por encima de cualquier ambición individual”, sostuvo.
Indicó que con la reforma constitucional aprobada recientemente, el país ha dado un paso firme hacia una nación con reglas claras, instituciones más fuertes y un compromiso inquebrantable con la alternancia en el poder.
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“Nuestra Constitución es mucho más que un conjunto de normas; es la base sobre la cual se sostiene nuestra democracia y la convivencia ciudadana. Durante décadas, el país ha sido testigo de reformas que han servido tanto para fortalecer como para debilitar el orden institucional. En nuestra historia hemos tenido decenas de reformas y todas casi siempre en el mismo sentido; concentrar el poder en una persona”, indicó.
Detalló que la reforma constitucional que promovió tuvo el único objetivo de blindar la democracia, garantizar que el poder no sea utilizado para beneficios personales y fortalecer la independencia de las instituciones.
“Con esta reforma constitucional, reiteramos nuestra convicción de que el poder no pertenece a un solo hombre, sino al pueblo dominicano. Porque gobernar es un acto de servicio, no una oportunidad para perpetuarse en el cargo. Me siento muy orgulloso y más convencido que nunca, de lo acertado de esta reforma, que cierra el camino al autoritarismo y a las aventuras personales”, agregó.
Añadió que en el país reina una paz social y una tranquilidad como nunca antes.
“Tenemos un Ministerio Público independiente, una Junta Central Electoral con el apoyo de todos. Nuestras instituciones son confiables y así vamos a seguir. En el año 2024 la voluntad del pueblo dominicano se expresó de manera contundente, otorgándonos una mayoría abrumadora en todas las elecciones celebradas, un resultado que fue reconocido esa misma noche por nuestros adversarios y validado por todos los observadores internacionales. Este respaldo no solo reafirma nuestra gestión, sino también el fortalecimiento de nuestra democracia y la sólida madurez institucional que estamos alcanzando”, avanzó.
“Colocamos la primera piedra de la institucionalidad democrática, renunciando a la tentación del poder sin límites, para que nunca más el destino de nuestro país dependa del capricho de un solo hombre. Hoy, nuestra democracia es fuerte, porque pertenece a su pueblo y no a sus gobernantes.
Colocamos la primera piedra de una justicia verdaderamente independiente, desterrando la injerencia política en el Ministerio Público, para que la ley sea la misma para todos, sin privilegios ni impunidad. Porque en un país justo, el poder se somete a la ley y no la ley al poder.
Colocamos la primera piedra de una seguridad fronteriza firme y soberana, levantando un muro físico y tecnológico que resguarda nuestra identidad y protege a nuestra gente, porque la soberanía no se negocia ni se entrega, se defiende con determinación y responsabilidad.
Colocamos la primera piedra de una sociedad de propietarios, entregando títulos a miles de dominicanos para que la tierra que cultivan, la casa en la que viven y el negocio que levantan sean verdaderamente suyos. Porque la estabilidad de una nación se construye sobre la prosperidad de sus ciudadanos.
Colocamos la primera piedra de una seguridad ciudadana real, con una reforma policial que no es promesa, sino acción. Agentes mejor preparados, mejor pagados y mejor equipados patrullan nuestras calles para que la tranquilidad deje de ser un privilegio y se convierta en un derecho.
Colocamos la primera piedra para proteger el ingreso real de nuestros trabajadores, impulsando el mayor aumento salarial acumulado en menos de cinco años. Porque el crecimiento económico no tiene sentido si no se traduce en bienestar para la gente.
Colocamos la primera piedra para garantizar el crecimiento acelerado del turismo, logrando un acuerdo de cielos abiertos que nos conecta con el mundo y nos proyecta como el destino que todos quieren conocer. Porque la República Dominicana no solo es un país hermoso, es un país de oportunidades.
Y con todas estas primeras piedras, estamos construyendo el gran edificio del desarrollo. Pero escúchenme bien: este edificio no se levanta solo con decretos, ni con discursos, ni con buenas intenciones.
Se levanta con el trabajo incansable de un pueblo que nunca se ha rendido. Con cada dominicano y dominicana que se despierta antes del amanecer para ganarse el sustento. Con cada joven que se esfuerza en sus estudios, con cada emprendedor que arriesga y confía, con cada madre que lucha día a día para que sus hijos tengan un futuro mejor.
Nosotros, como gobierno, podemos abrir el camino, pero solo ustedes, el pueblo dominicano, pueden recorrerlo. Podemos diseñar el plano del país que soñamos, pero solo con el esfuerzo de todos podremos edificarlo.
Y les digo hoy, con la fe puesta en el destino glorioso de nuestra nación: si trabajamos juntos, si nos unimos en propósito y corazón, nada ni nadie podrá detenernos.
Porque no somos un pueblo condenado al atraso, somos un pueblo llamado a la grandeza.
Porque no somos una nación que teme al futuro, somos una nación que lo forja con sus propias manos. Porque no somos espectadores de nuestra historia, somos sus protagonistas”.