¿Un año en el espacio te hace más viejo o más joven? El resultado de un experimento de la NASA con gemelos

La cantidad de tiempo que el cuerpo humano puede ser expuesto al espacio sin poner en riesgo su salud ha sido una de las principales barreras a la exploración espacial. Sin embargo, una investigación única de dos astronautas gemelos reveló que las personas pueden tolerar misiones más largas a la Luna e incluso a Marte de lo que previamente se creía, reportó el jueves en un informe la revista científica Science.

Los viajes al espacio causan cambios significativos en los signos vitales de una persona, como también en su presión sanguínea, peso corporal, nervios ópticos y hasta las bacterias que viven en el tracto intestinal, pero no producen consecuencias a largo plazo para la salud, encontró el estudio.

Los gemelos Kelly, de 50 años de edad, fueron los objetos del experimento: mientras Scott pasó un récord de 340 días a bordo de la Estación Espacial Internacional, Mark -que también fue astronauta y ahora se está postulando para el Senado del estado de Arizona- permaneció en la Tierra y sirvió como controlador.

Scott Kelly (centro) utiliza un dispositivo Chibis de presión negativa en la parte inferior del cuerpo, mientras que los cosmonautas rusos ayudan a monitorear y medir médicamente sus fluidos corporales mientras están en órbita terrestre en 2015.

Scott Kelly (centro) utiliza un dispositivo Chibis de presión negativa en la parte inferior del cuerpo, mientras que los cosmonautas rusos ayudan a monitorear y medir médicamente sus fluidos corporales mientras están en órbita terrestre en 2015.

Durante la estadía de Scott en el espacio, un grupo de investigadores monitoreó intensivamente sus signos vitales, desde cambios en la actividad de sus genes, el metabolismo, las bacterias intestinales, el sistema inmunológico y hasta variaciones en la forma en que funcionaba su cerebro. Luego compararon esos hallazgos con las mismas medidas tomadas de su hermano Mark, quien no mostró ninguno de los mismos efectos.

Los científicos descubrieron una variedad de cambios biomédicos y genéticos en el cuerpo de Scott en la medida que se adaptaba al espacio. “Tan pronto como llegó al espacio, observamos a miles de genes cambiando dinámicamente”, dijo el biofísico Christopher Mason de Weill Cornell Medicine en Nueva York, quien analizó el ADN del astronauta. “Los datos de expresión genética indicaron seis veces el número de genes subiendo y bajando en los últimos seis meses de la misión en comparación con los primeros seis meses”.

Scott Kelly se pone una vacuna contra la gripe a bordo de la Estación Espacial Internacional para un estudio continuo sobre el sistema inmunológico humano en septiembre de 2015.

Scott Kelly se pone una vacuna contra la gripe a bordo de la Estación Espacial Internacional para un estudio continuo sobre el sistema inmunológico humano en septiembre de 2015.

Los genes relacionados con el sistema inmunológico y la reparación del ADN aumentaron su actividad. La bacteria que vivía en su tracto intestinal cambió. El gasto cardíaco, que mide la frecuencia cardíaca y el volumen de sangre bombeada, aumentó un 10% en el espacio. Su presión sanguínea bajó y algunas arterias se hincharon. Perdió el 7% de su peso corporal y sus nervios ópticos se engrosaron, afectando su visión. Es común que los astronautas que viajan al espacio con una vista excelente regresen a la Tierra necesitando anteojos, dijeron los expertos médicos de la NASA, presuntamente debido a cambios en los fluidos dentro del globo ocular.

Aprendimos que el cuerpo humano es bastante resistente. Podemos sobrevivir e incluso prosperar en estos vuelos de larga duración.

Algunos de los cambios eran sorprendentemente positivos: parecía pensar más rápido, específicamente en medidas de orientación espacial y precisión motora, tal vez como respuesta a la ingravidez, dijeron los científicos. Los genes relacionados con las respuestas inmunitarias, la reparación del daño, la inflamación y el crecimiento celular estaban más activos en el espacio. Los telómeros, regiones de ADN que generalmente se acortan a medida que envejecemos, se alargaron en el espacio.

“Aprendimos que el cuerpo humano es bastante resistente”, dijo Mark Kelly. “Podemos sobrevivir e incluso prosperar en estos vuelos de larga duración”.

Ninguno de los cambios que observaron los investigadores planteaban graves riesgos a la salud. La mayoría de las medidas biométricas del astronauta volvieron a la normalidad seis meses después de que regresara a la Tierra. Específicamente, la longitud de los telómeros se redujo rápidamente y luego se estabilizó durante los meses siguientes hasta alcanzar promedios cercanos a los de antes del vuelo. Pero desde la perspectiva del envejecimiento y el riesgo de enfermedad, tenía muchos más telómeros cortos después de la misión espacial que antes.

“Teníamos dos individuos genéticamente idénticos”, dijo Susan M. Bailey, oncóloga de la Universidad Estatal de Colorado y especialista en el estudio de los telómeros. “Cualquiera de las diferencias que vimos, pudimos atribuirlas a los vuelos espaciales y no a las diferencias entre los dos individuos”.

Scott Kelly

Scott Kelly

A medida que la NASA contempla emprender viajes más largos, uno de los desafíos que enfrentan los expertos en medicina espacial es cómo lidiar con los peligros para la salud que implican estas misiones. El estudio intensivo de los gemelos Kelly, basado en técnicas avanzadas para medir los cambios moleculares del cuerpo durante el viaje, podría alumbrar el camino hacia una especie de medicina de precisión para los astronautas. Los tratamientos y las medidas de prevención a la que los astronautas deben someterse podrían anticipar los cambios corporales que esperan afrontar en el espacio, dijo Bailey.

“Lo que esto realmente hace es abrir una puerta al tipo de análisis que nunca antes se podía hacer, que va a ser importante para los astronautas cuando viajan a Marte en vuelos espaciales de larga duración y que van a tener que ser progresivamente independientes de los recursos que se encuentran en la Tierra”, dijo Andrew Feinberg, especialista en epigenética de la Universidad de Johns Hopkins y uno de los líderes de la investigación.

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