Cómo se hace el tofu: incinerando plástico enviado desde Estados Unidos

Ulet Ifansasti/The New York Times

Por Richard C. Paddock

TROPODO, Indonesia — De las chimeneas que se levantan sobre el pueblo sale humo negro a bocanadas. El olor a plástico quemado inunda el aire. Parches de ceniza negra cubren el piso. Es un día más en el mundo de la elaboración de tofu.

Más de 30 cocinas comerciales en Tropodo, un pueblo ubicado al este de la principal isla de Indonesia, Java, llevan a cabo su producción de tofu quemando una mezcla de desechos de papel y plástico, algunos de los cuales son enviados desde Estados Unidos después de que los estadounidenses los tiran en sus botes de reciclado.

Las cocinas en los patios traseros producen la mayoría del tofu de la zona, un alimento barato y alto en proteína hecho a base de soya que es parte importante de la dieta local. Sin embargo, el humo y la ceniza que produce la quema del plástico tienen consecuencias tóxicas y de gran alcance.

Al realizar pruebas en huevos que pusieron las gallinas de Tropodo, un pueblo de 5000 habitantes, se encontraron altos niveles de varios químicos peligrosos, entre ellos la dioxina —un contaminante conocido por causar cáncer, defectos al nacer y la enfermedad de Parkinson—, de acuerdo con un informe que divulgó esta semana una alianza de grupos ambientalistas internacionales e indonesios.

La dioxina encontrada en Tropodo es el producto final en una cadena de actividades ilícitas, descuido y negligencia gubernamental.

“Comienzan a quemar temprano por la mañana y terminan hasta la noche”, comentó Karnawi, de 80 años, quien vive cerca de siete de las cocinas comerciales que queman plástico. “Sucede todos los días, y el humo siempre está en el aire. A mí me cuesta respirar”. Como muchos indonesios, Karnawi solo usa un nombre.

Uno de los huevos que pusieron las gallinas de Karnawi tuvo uno de los niveles más altos de dioxina que jamás se hayan registrado en Asia, mencionó el informe.

Ulet Ifansasti/The New York Times

Los niveles de dioxina encontrados en ese huevo fueron los segundos más altos tan solo después de los hallados en huevos que se recolectaron cerca de Bien Hoa, Vietnam, la otrora base aérea de Estados Unidos que, durante la Guerra de Vietnam, fue una zona de preparación del defoliante agente naranja, el cual contiene dioxina. Hace poco tiempo, Estados Unidos comenzó una limpieza de diez años y 390 millones de dólares de Bien Hoa, un área que sigue gravemente contaminada a casi cinco décadas del fin de la guerra.

Si un adulto come tan solo un huevo como el que se recolectó en el gallinero de Karnawi, habrá superado casi 25 veces el umbral diario de lo considerado seguro en Estados Unidos y 70 veces la norma más estricta de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria.

Los huevos se usan comúnmente para evaluar la contaminación porque las gallinas en verdad prueban el suelo cuando buscan comida y las toxinas se acumulan en sus huevos.

“Estos hallazgos impactantes ilustran los peligros de los plásticos para la salud de las personas y deberían servir para que los formuladores de políticas prohíban la combustión de desechos plásticos, aborden el problema de la contaminación ambiental y controlen las importaciones de una forma rigurosa”, comentó Lee Bell, un asesor de la Red Internacional para la Eliminación de los Contaminantes y un coautor del informe.

Ulet Ifansasti/The New York Times

Cuatro grupos ambientalistas llevaron a cabo el estudio: Ecoton y la Fundación Nexus3, con sede en Indonesia; Arnika, con sede en Praga; y la Red Internacional para la Eliminación de los Contaminantes (IPEN, por su sigla en inglés), una red global dedicada a la eliminación de contaminantes tóxicos.

Las toxinas encontradas en el suelo de Tropodo empiezan con los occidentales que creen que están haciendo algo bueno por el medioambiente: separar sus desechos para el reciclado. Una gran parte de los desechos es enviada al extranjero, entre otros países a Indonesia, donde se combina con desechos locales para su procesamiento.

Sin embargo, en vez de ser convertidos en nuevos productos para el consumidor, como chaquetas de polar y zapatos deportivos, una gran cantidad de desechos es inservible y más bien se deposita en los hornos que calientan las calderas para el tofu en Tropodo.

“Este plástico se recolecta de los consumidores de Estados Unidos y otros países y se quema para hacer tofu en Indonesia”, mencionó Yuyun Ismawati, cofundadora de la Fundación Nexus3 y coautora del estudio.

La cantidad de desechos extranjeros que llegan a Indonesia se disparó hace dos años después de que China detuvo sus importaciones de basura.

Después de separar los mejores materiales para el reciclado, la mayoría de las empresas envía sus desechos restantes a Bangun, un pueblo conocido por sus recolectores de basura, quienes están en busca de objetos de valor y materiales que se puedan reciclar.

En Bangun, montañas de basura, algunas de más de cuatro metros de alto, llenan cada lugar vacío de la tierra. Unas 2400 personas viven en el pueblo, y casi todas las familias participan en el negocio de la basura.

Los recolectores de basura mencionaron que se dan cuenta cuando los cargamentos provienen de Estados Unidos por lo que está escrito en los objetos que separan. Además de indicar el origen del desecho, los recolectores afirmaron que a veces encuentran dólares estadounidenses tirados por accidente y botellas rotas de bebidas alcohólicas de marcas distintivas de Estados Unidos, como Jack Daniels.

Ulet Ifansasti/The New York Times

La última parada de la basura menos deseada es Tropodo y sus productores de tofu.

Todos los días, unos camiones llevan los pedazos sobrantes de papel y plástico por un camino de 32 kilómetros desde Bangun hasta Tropodo y dejan sus cargas afuera de las cocinas de tofu.

Activistas ambientalistas han mencionado que el presidente de Indonesia, Joko Widodo, ha desatendido los problemas de salud por centrarse en el desarrollo económico, y lo han instado a encargarse del problema de la contaminación tóxica, incluidas la contaminación del aire y la contaminación de mercurio.

En julio, la directora general para el manejo de desechos del Ministerio de Medioambiente, Rosa Vivien Ratnawati, visitó Tropodo y reconoció que la quema de plástico era peligrosa, pero no hizo ningún intento por detenerla.

Ratnawati les dijo a reporteros que iba a investigar cómo se podía controlar el humo tóxico.

“Si el plástico se usa como combustible, no es un problema, pero debería controlarse la contaminación”, comentó.

Desde entonces, el gobierno no ha realizado ninguna acción.

La semana pasada, cuando The New York Times se puso en contacto con Ratnawati, la directora se rehusó a hablar sobre el tema y remitió las preguntas al director general de contaminación ambiental, Karliansyah, quien no respondió a las preguntas de The New York Times.

Muchos de los habitantes de Tropodo señalaron que detestan la quema de plástico, pero no tienen el poder para detenerla.

Hace muchos años, los productores de tofu —una de las principales fuentes de empleo en Tropodo— dejaron de quemar madera para quemar plástico.

Las cocinas operan a diario y, cuando hay poco viento, el humo agrio se cierne sobre el pueblo como una neblina venenosa.

Nanang Zainuddin, de 37 años, dirige una cocina pequeña cerca del gallinero de Karnawi. Mencionó que usa plástico porque es más barato, pues a veces el costo de quemar plástico llega a ser de hasta una décima parte del costo de la quema de madera.

Nanang dijo que se deshace de la ceniza del plástico enterrando una parte y esparciendo más en el suelo para crear una superficie nivelada. También les da una parte a sus vecinos para que puedan esparcirla sobre el suelo alrededor de sus casas.

“Ahora estamos parados sobre cenizas”, comentó, mientras las gallinas y los polluelos picoteaban cerca de sus pies en busca de comida.

“La dioxina puede venir de cualquier lugar pero, si el gobierno quiere resolver el problema, bienvenido sea”, agregó.

En 2014, el exalcalde de Tropodo, Ismail, de 50 años y productor de tofu, prohibió el uso del plástico como combustible. Sin embargo, la prohibición duró tan solo unos meses antes de que continuara la quema.

Su decreto ha sido ignorado desde entonces.

“Hay muchos productores de tofu aquí, y a la mayoría de ellos no le importa”, mencionó Ismail, quien usa principalmente madera y un poco de plástico como combustible. “A los productores de tofu solo les importan las ganancias, las ganancias, las ganancias. No les importan las desventajas que crea este negocio”.

(Dera Menra Sijabat colaboró con el reportaje).

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c.2019 The New York Times Company


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